Una pregunta antes de morir

Charla en el auto con Lucía, mi hija de cinco años, que me pregunta de la nada:

—Papá ¿todos nos vamos a morir?

—Bueno, a ver, sí. Los seres en este mundo nacemos, crecemos y cuando somos muuuy grandes nos morimos.

—¿Y mamá también se va a morir?

—Eh, digamos, cuando sea muy viejita, como todos, claro, también. Pero, bueno, quizá en un futuro, quién te dice…

Me freno ahí. Sé que no tiene sentido edulcorar el tema, tengo que decirle la verdad por más que duela.

—Y si mamá y vos se mueren, ¿me voy a quedar sola?

—No, para nada. Además mamá y yo somos jóvenes todavía, estamos sanos, gracias a Dios… pero de todas maneras, si a nosotros nos pasara algo están los abuelos, los tíos. No te quedarías sola, mi amor.

Nos quedamos callados. Pienso en lo que dije y en cómo se podría hablar de estas cosas sin que quede flotando esa sensación de tristeza, de angustia. En eso pienso cuando Lucía me interrumpe con otra pregunta:

—Papá, si vos te morís ¿me puedo quedar con tu celular?